viernes, 23 de mayo de 2008

Unos parches en el dorso de las manos...

A mi yayo, 13 años ya...

Unos parches en el dorso de las manos para mitigar el dolor de las agujas. “Dentro de un rato vendrán a por ti, intenta dormir”. Muy fácil de decir, imposible de hacer cuando puede ser que este sea mi ultimo día de vida. Mi abuela y mis padres cerca de mi cama, me sonríen mientras pienso... “donde está mi abuelo?” Al cabo de un rato un chico con una bata verde entra con una sonrisa en la habitación, me pongo a temblar, mis padres me despiden con un beso y una caricia, tienen miedo, están tan asustados como yo. Mi abuela me besa también y me aprieta la mano. Se que no va a llorar por que es infinitamente mas fuerte que yo y quiere transmitirme su fuerza. La camilla avanza, solo veo las luces del techo blanco, sucediéndose una tras otra, luego el ascensor, el chico de la bata verde me sonríe... mis padres me miran y también sonríen, se que están tan muertos de miedo como yo, pero no quiero demostrárselo. Ellos necesitan creer que soy fuerte y así ellos podrán afrontar lo que se avecina.

Los últimos besos antes de la despedida... quizás para siempre... quizás solo por unas horas. Esta incertidumbre ha durado mas de 7 meses y hoy por fin el desenlace. Cruzamos la puerta, mis padres y mi abuela se quedan atrás... ahora soy solo yo. Me enfrento a algo de lo que no tengo ningún control. En manos de gente que casi no conozco. Es extraño, pero el miedo se quedó tras la puerta. Ahora una sensación de paz me inunda. Por un extraño motivo se que todo va a salir bien...

Entran dos chicas vestidas de verde con una polaroid en la mano. “hola preciosa” ... mi voz sale como un susurro “hola”. Me desabrochan la bata y me quedo desnuda. Una foto de cara, otra de espaldas y otra de perfil. Siento vergüenza. Luego me vuelven a vestir y me tumbo de nuevo en la camilla. “Ahora vendrá el medico cielo” y se van. Me quedo sola con mis pensamientos que no paran de surgir. Miro las paredes, la sala es fría, blanca, tanto que hace daño los ojos. Después de un tiempo que no se calcular, entra de nuevo el chico de la bata verde. Esta vez no le veo la cara. Lleva una mascarilla.

Unos metros mas y ya estamos en el quirófano. No es la primera vez que estoy en uno... pero esta vez es diferente. Las demás veces no ha sido tan... complicado... No he estado 7 meses dándole vueltas al coco sobre si vale la pena morir en el intento o dejarlo y pasar los años de vida que me queden como sea... Pero al final opté por la opción mas arriesgada.

Llega el medico, casi no le reconozco por que lleva la cara tapada, pero esos ojos son inconfundibles. Me dice algo que no entiendo y me toca el hombro, en sus ojos veo que sonríe... y me tranquilizo un poco mas. La anestesista a mi lado me inyecta algo que me hará dormir... cada vez mas paz, mas tranquilidad, menos luz... y por fin ... la oscuridad

He perdido la noción del tiempo, estoy muy cansada, tremendamente debilitada. No tengo fuerzas ni pasa abrir los ojos. Una maquina respira por mi, otra controla mi corazón, mis pulmones... Oigo como mi madre dice “podrían apartar un poco las maquinas para poder acercarme?” Noto como me coge la mano y oigo que me susurra cosas y sonríe. Mi padre también está allí. Pero noto que falta alguien. Al poco rato me duermo, no puedo mas, es la única forma de abandonar el dolor que me rodea.

Paso días enteros entre la vigilia y el sueño, el dolor remite poco a poco, quizás mas lentamente de lo que me gustaría. Cada día hay una maquina menos que hace algo por mi. Mi cuerpo empieza a funcionar por si mismo de nuevo... Al fin la noticia que mis padres llevan esperando 6 días “está fuera de peligro, mañana saldrá de la UVI”...

De todo aquello solo me quedan recuerdos vagos... Un par de grandes cicatrices cruzan mi espalda y la persona que faltaba era mi abuelo. Enfermó el día que me operaron... y murió 19 días después. Alguien me dijo que quizás había muerto por salvarme a mi... eso me dolió, mucho, no sabéis cuanto... pero pensándolo un poco mas... mi abuelo era una de las personas que mas me quería y se que sin duda habría dado la vida por mi... quizás ese día lo hizo y mientras yo recuperaba las fuerzas a el se le escapaban ... murió un día antes de mi 18 cumpleaños ... mientras yo volvía a renacer.

07/05/2003

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me has puesto la piel de gallina y me has emocionado. Ya sabes quien soy. Estamos en la misma guerra y ante el mismo enemigo, casi en la misma trinchera. Debes hacer que todo esto llegue a cuantas más personas mejor. Personas que viven tan superficialmente la vida que ni se percatan que el mero hedho de respirar, ver, oir día a día, es todo un patrimonio para su existencia. Cosa que otros no podemos decir lo mismo.

Tu admirador.

ARMAND dijo...

¡¡joder!! me has hecho llorar....
Me ha encantado la vivencia!! dale duro!