miércoles, 21 de mayo de 2008

Unas alas tatuadas en la espalda...

Las alas que llevo tatuadas en la espalda no me ayudaran a salir. Sumida en esta profunda oscuridad, espero una voz que me saque de aquí. Mi alma salió un día por esa ventana, y desde entonces no la he vuelto a ver. Mi corazón palpita cada vez mas lento, mi sangre transcurre cada vez mas espesa por mis venas, dejándome la piel fría. Solo tienes que mirar mis ojos, ya no tienen brillo, en ellos se refleja la oscuridad absoluta, la nada.

Estirada en el suelo miro por la ventana. Ninguna luz me ilumina, ni siquiera la luna. Una silueta negra se posa entre las cortinas. Cierro los ojos pq ya no puedo mantenerlos abiertos. Mis oídos perciben un suave aleteo, el crujir de la ropa. Noto algo aguardando en la oscuridad.

Sin encender una sola luz me levanto del suelo. Abro los ojos y veo la silueta de un cuerpo que se recorta contra el cielo de la noche. Me acerco a la ventana. Las nubes se abren e iluminan un rostro con unos profundos ojos negros, que no dejan de mirarme.
De sus labios la cadencia de un susurro que me hipnotiza. De su piel el calor de una caricia que no siento desde hace mil años.

Me abrazo a su pecho donde solo escucho silencio. No quiero que me deje aquí viviendo esta mentira, en este vacío que llena mis días. Sus brazos me rodean. Mis pies ya no tocan el suelo. Noto el aire que enfría todavía más mi cuerpo, hasta que ya no siento nada, solo el silencio en su interior.

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